diluida en este amanecer
desvistiendo tu día frío, limpio
una nube, en alargada tiza negra
firma tu encanto, como testigo
de tu cielo azul,
tintado de aureolas trasnochadas
velando mi día
tan cerca, tan lejos
pensándote
navego a tu encuentro
sobre el rizado mar de la mañana.
Va cayendo la tarde hilando
guirnaldas sus colores
anaranjado, violeta, rojo
despertando unos dedos
el erizado vello de tu monte
Venus ausente de mi lengua
que ayer traspasé sin desfallecer
sabiendo que estás ahí
al otro lado del espejo
de mi mar, nuestro mar.
Hoy; la mañana nació fría
dejando nuestro fuego de ayer
en nuestros cuerpos.
Nubes que perdieron su polvo
blanqueciendo tus blancas colinas
embelleciendo el color arcilla
de tus pechos
fuego y agua; vida.
Paseando en tu noche
la que me echaste de menos
para dormir en el interior
de tu húmedo heno
vello de fresca braña
despeinando el rizado
abanico ensortijado
hendiendo la herida
tejiendo la vida.





