Libertario, en el más amplio sentido de la palabra libertad; ácrata, en el más amplio sentido de la palabra ácrata. Pero siempre, respetando al compañero; al vecino, al que no piensa como tú.
Encuadrado en la llamada Generación del 27, el encuadre o el cuadro del que siempre huías, como huiste de tu Generación, la Escuela de Barcelona, refugiándote en tu silencio.
Gil de Biedma; Juan Marsé; Carlos Barral, que tantas veces te empujó a salir a la luz literaria como te mereces, para que el lector descubriera tu prosa. Vázquez Montalbán, ante tu modestia, tu pasotismo olímpico del mundo literario, no cejó en el empeño.
Manuel Vázquez Montalbán describe perfectamente tu prosa y tu novela, Premio Internacional 1952, “Los contactos furtivos” como:” Era una novela outsider, escrita por un outsider, sobre un tema fronterizo, ubicado en la frontera de una ciudad” Vázquez Montalbán nos está citando la “otra literatura” la no oficial que se escondía en las catacumbas de los años 50.
Antonio Rabinad nos está deleitando de esa ciudad a que se refiere Montalbán, la ciudad de Barcelona en los años de posguerra.
Antonio Rabinad era más que novelista autodidacta, era, guionista. Su amigo, el realizador y director Vicente Aranda, bien sabe de sus guiones como “Las crueles”; “Tiempo de silencio” o su novela “La monja libertaria” que José Luis Guarner y el mismo Rabinad transformaron en película como “Libertarias”.
En mi juventud, atravesaba la Meridiana, cruzaba el barrio de Rabinad, el Clot y me refugiaba en la biblioteca de la Hispano Olivetti. Aquí te descubrí; descubrí tu novela “El niño asombrado”.
Habría que criticar mucho lo poco que tu ciudad, digamos Ayuntamiento, digamos alcaldes, con repartimiento de medallas y cruces de santos, te ha ayudado y lo mucho que tú has entregado a la ciudad de Barcelona, tu ciudad.
Tus novelas, prodigiosas antes de la ciudad de los prodigios y, mucho antes de sombras en el viento, “Memento Mori” o “El hombre indigno” merecen ser citadas en este recuadro como grito a la noticia de tu muerte.
No dudo que, algunos de los ojos que se acerquen a leer estas letras, te recordará como ese señor con pinto de libertario, pañuelo al cuello, boina leninista y cabellos de senador griego, allí en tu parada de libros de viejo en el mercado de Sant Antoni.
Descansa en tranquilidad, como supiste vivir.
