Abro mi mano dibujando un compás
abandonando sus cinco puntos cardinales
sobre la cubierta de tu cuerpo
rosa de mi viento, mi deseo, mi pasión.
Pausadamente, mis dedos cardinales
aviva el imán interior de tu rosa
atrayéndome, para explorar la cúpula
tu cueva sin cristal, brillante,
estalagmitas deslizando tu goteo por mis dedos.
Llamaré Estilo a mi dedo índice, base de giro
paseando tu ombligo, como péndulo por llegar
con la yema de mis pinzas, adormezco con
suaves caricias, ese ardiente fuego de deseos
erizado tu vello al compás de mi Estilo.
Descendiendo por la vertiente de tus labios
anegados, aguados, bañados, alimentados
por el frondoso oasis de tu sexo
mi Estilo, yema de mi dedo, sigue la senda
abierta, floreada como corpus en tu cuerpo.
Te miro, estás a merced de lo que sientes
mis ojos reflejan tu boca entreabierta
tus susurros interpretados
tu cuerpo excitado, ondulante, curvo.
Mi deseo aumenta con tu deseo
ahora, mis pinzas, dedos, mojados como remos
desaparecen en esa hendidura entre tus labios
para emerger de nuevo oyendo
tu musicalidad interna, chapoteando
envueltos en tu flujo, lubricando tu grieta.
Ahora sí, ahora tú decides, tu vulva, lubricada
deja paso, suavemente, dulcemente
a mi endurecida asta por el manto de tu cuerpo
entrando gozosamente en tu profunda intimidad
mar adentro, quebrando oleajes
estremeciéndote, gozando
regocijado en ti, estremeciéndome en ti.
Cerrados ojos, no se que eternidad
si sé, que fue una pequeña muerte
la que vivimos ayer.