
El camino es largo y estrecho. Arranca dejando la plateada carretera, salpicada por influjos de una juguetona luz que se escabulle entre el frondoso bosque, acudiendo de nuevo, entre el pasillo de los árboles, iluminando ese largo y estrecho camino.
Acogido en la sombra del mojón indicador, entablo un dialogo frente al mar de plata en la estrellada noche, atravesando sus grandes ojos negros, bebiendo su miel.
El viento gime entre la arboleda perdida, desorientado; su melena, alongada como el propio camino, abriga una carita delineando su fina piel, descubriendo sus ojos, chispeantes luceros en la noche de plata.
Un vertiginoso pensamiento huye, transformando en ósculo, por el sinuoso camino, como su cuerpo, que dibuja el humo de su cigarrillo descansando en sus desnudos labios. Labios cautivados, callados. Como el beso que atravesó su tiniebla sombreada, rocío entre sus piernas.
Un camino alargado, apaisado como apasionado el desnudo de su cuerpo entregado a la luz de sus ojos, lunas en la noche plateada.
El humo de su cigarrillo devolvía en el pensamiento su imagen:
Alongadas piernas en lazado paréntesis.
Dóciles extremidades, escurridizas, livianas.
Cuadral hermoso su cadera, ancas, nalgas que se acomodan a la elegida postura.
Cintura excitante, flexible a la batuta acompasada de mis dedos.
Pirámides sus pechos en la cuenca de mis manos.
Negros y firmes pezones, botones que acuchillan la noche plateada.
Un acelerado remolino, devora mis besos con delicada pasión,
Como el silbo del viento, atravieso su frondoso bosque sin miedo en la noche, apasionadamente.