lunes, 5 de julio de 2010

YO ACUSO

Este blog se creó con la intención y la ilusión de compartir unas palabras en esa hora baja; en la hora del sol de poniente, cuando el sueño quiere hacerse realidad y la realidad rompe el sueño en esa hora crepuscular.
Ahora, llegada esa hora cuando la luz es un simple tintineo chispeante sobre los viejos adoquines del muelle, esas palabras dormirán, recordando a Carmen Kurtz, bajo las aguas: “Allá en el fondo, todas las palabras que dijimos y de las cuales ya no guardamos recuerdo, duermen bajo las aguas”.

Esas palabras, esas horas en tardes escogidas, esos besos, esas imágenes, de las que guardo a flote sobre el agua, por si la tempestad arrecia o aumenta, quedarán, dejadme recordar a Manuel Ferrand, “Con la noche a cuestas”.

He sido, soy y seré, respetuoso con las cosas y personas que amo, amé; (lo que llegue mañana está por descubrir) es un principio de libertad, de libertad de expresión. La palpitante prueba de ello, son esos comentarios que no dejan de ensuciar la noche, haciéndola más negra sin razón o, no razonando del porque en el empeño.

Ni antes, ni ahora mismo, eliminaré ningún comentario, porque al único que hieren es al autor de esta hora baja en su hora del sol de poniente.

Sí, lectoras; lectores y llegados por casualidad o a través de tío Google a este espacio, interpretáis correctamente esas letras. Dejadme decirlo con otras palabras, las que nos dejó Louis Ferdinand Céline: “Viaje al final de la noche”.

Esta noche llegué al final de viaje emprendido en esa buena intención de compartir palabras en esa hora ya citada, en la hora del sol de poniente.

No cierro el blog, pero si digo, ahora mismo dejo escrito, que EN LA HORA DEL SOL DE PONIENTE, se vuelve Baroja, esto es, “barhotza” que en euskera significa, valle frío, como agonía de mí tiempo.

Tan sólo observaréis, quien por error o despiste se acerque a esta hora del atardecer, los libros leídos que voy dejando en el estante.
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